Flor el pantano vertiente la roca;
tu alma embellece lo que toca.
La carne pasa, tu vida queda
toda en mi verso de sangre o de seda.
Hay que ser dulce sobre todas las cosas;
más que un chacal vale una mariposa.
Eres gusano que labra y opera;
para ti crecen las verdes moreras.
Para que tejas tu seda celeste
la ciudad parece tranquila y agreste.
Gusano que labras, de pronto eres viejo;
¡el dolor del mundo crispa tus artejos!
A la muerte tu alma desnuda se asoma,
¡y le brotan alas de águila y paloma!
Y guarda la tierra tus vírgenes actas,
hermano gusano, tus sedas intactas.
¡Vive en el alba y el crepúsculo,
adora el tigre y el corpúsculo,
comprende 1a polea y el músculo!
Que se te vaya la vida, hermano,
no en lo divino sino en lo humano,
no en las estrellas Sino en tus manos.
Que llegará 1a noche y luego
serás de tierra, de viento o de fuego.
Por eso deja que todas tus puertas
se cimbren, a todos los vientos abiertas.
Y de tu huerta al viajero convida,
¡dale al viajero la flor de tu vida!
Y no seas duro, ni parco, ni terco,
¡sé una frutaleda sin garfios ni cercos!
Dulce hay que ser y darse a todos,
para vivir no hay otro modo
de ser dulces. Darse a las gentes
como a la tierra las vertientes.
Y no temer. Y no pensar.
Dar
para volver a dar.
Que quien se da no se termina
porque hay en él pulpa divina.
¡Como se dan sin terminarse, hermano mío,
al mar las aguas de los ríos!
—GIAN-FRANCO PAGLIARO (Italia / Argentina): A Pablo Neruda. Pequeña antología (CBS - Columbia, 1972).
—ALBERTO PÉREZ (Chile): Amanecer (Disco grabado en Suiza; Día, 1981).
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